Viajar siendo ciego: cinco mitos que Nueva Zelanda derriba

«Si no ves, no lo vas a disfrutar.» Hemos oído esta frase muchas veces. Estos son cinco mitos sobre viajar siendo ciego que Nueva Zelanda derriba viaje tras viaje.

Una viajera de pie en lo alto de una montaña de Nueva Zelanda con un amplio paisaje al fondo

A lo largo de los años hemos escuchado muchas ideas equivocadas sobre lo que una persona ciega puede o no puede hacer al viajar. Nueva Zelanda, viaje tras viaje, se encarga de desmontarlas.

1. «Si no ves, no lo vas a disfrutar»

El disfrute no vive solo en los ojos. El frío del agua en Milford Sound, el calor geotermal de Rotorua o el viento en la cara al despegar en parapente se sienten con todo el cuerpo.

2. «La aventura no es para ti»

Hemos acompañado a viajeros ciegos en parapente, kayak y lanchas rápidas. La aventura no entiende de vista: entiende de ganas.

3. «Necesitas a alguien pendiente cada segundo»

Nuestro objetivo es justo el contrario: que te muevas con autonomía. Estamos cuando hacemos falta, pero el viaje es tuyo.

4. «Es demasiado complicado de organizar»

Complicado lo es si lo haces sola. Con una ruta bien preparada y grupos pequeños, deja de serlo.

5. «Un país tan lejos no es accesible»

Nueva Zelanda está lejos, sí, pero no es inalcanzable. Y su naturaleza, tan sonora y táctil, parece hecha para viajarse con los sentidos.

El mayor límite casi nunca es la vista. Suele ser la idea que otros tienen de lo que puedes hacer.